- Fecha del viaje: 16 de marzo de 2013.
Un reconocido humorista español, cuyos monólogos son fáciles de ver en el cable, dice: “Valencia está sensacional, fenomenal, tremenda… y cuando esté pagada va a ser mejor”. Los escándalos de corrupción y malos manejos han condenado a una ciudad cuyo municipio arrastra desde hace más de una década una deuda superior a los 700 millones de euros.
Influencia en ello ha tenido el denominado “hijo predilecto” de Valencia, el arquitecto Santiago Calatrava. La Ciudad de las Artes y de las Ciencias, una de sus obras maestras, desde el punto de vista de las arcas municipales no ha traído más que dolores de cabeza por sus continuos sobreprecios y constantes reformas. Nada de eso quita que el complejo sea uno de los más atractivos de la ciudad y del país, puesto que en 2007 ganó el concurso “12 Tesoros de España”.
La capital de la Comunidad Valenciana (nombre de la región) cuenta con más de 800.000 habitantes e incluso tiene una lengua propia, el valenciano; aunque es polémico para algunos lingüistas que la consideran meramente como un dialecto derivado del catalán.

Cada año, entre el 15 y el 19 de marzo, la ciudad se viste de gala para recibir a turistas de todo el mundo en su fiesta predilecta, las Fallas. Declaradas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, cada año distintas agrupaciones realizan figuras gigantes (denominadas fallas), siendo la ganadora la única que se salva de la hoguera. ¡Sí, tal cual! Todos las fallas que no ganan (que no son pocas ni tampoco pequeñas) son quemadas. El trabajo de casi un año reducido a cenizas en cuestión de minutos… o segundos.
La celebración también es complementada con las falleras, guapas mujeres vestidas con un traje típico para la ocasión, y con la tradicional mascletà que, en buen chileno, no es más que una serie de petardos y fuegos artificiales. En esas épocas hay que andar con ojo en las calles, que los niños pueden hacer tronaduras en distintos lugares en cualquier momento, y pueden pegar un susto a cualquier tímpano.

Aun así, Valencia es mucho más que esas tradiciones. Por algo es una de las ciudades más grandes de España. Su tradición gastronómica es tan potente que, el plato español por excelencia, la paella, tiene sus orígenes en la zona, esto explica que cuando se habla de versión tradicional se menciona como “paella valenciana”.
Quizás es por esto que pocos turistas puedan quedar disconformes con la ciudad. Es grande, pero manejable; está bien conectada, con metro incluido; se puede comer muy bien, es fácil encontrar buenos restoranes a buen precio; y, lo más importante, la gente es muy amable con los visitantes hispanoparlantes.

VALENCIA, ESPAÑA
#OjoAlDato
¿Dónde comer?
Cervecería Zacarías (Calle de Ciscar 16). En España los horarios de cocina son sagrados (ir a comer después de las 16 horas es un reto), por lo que esta mención es más que nada por su gentileza de preparar una paella con la cocina casi cerrada.


¿Qué visitar?
Ciudad de las Artes y de las Ciencias (Av. del Profesor López Piñero 7). Complejo que cuenta con edificios como El Hemisferio, con forma de ojo; Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, con forma de esqueleto de dinosaurio; y el Oceanográfico. Cuenta con 6,5 kilómetros de longitud.
