- Fecha del viaje: 12 de octubre, 2012 al 18 de septiembre, 2013
Esta semana ha sido especial, llena de nostalgia y de recuerdos del cuarto de siglo transcurrido desde la organización de los Juegos Olímpicos. Un evento que unió a toda España y que superó todas las expectativas internas, tanto orgullo genera que gran parte de los más de 10 mil voluntarios que trabajaron en el evento aún conservan en el living de sus casas aquel diploma de honor de participación.
Es que Barcelona se repensó y se reconvirtió a sí misma antes, durante y después de los Juegos. Desde un polígono industrial al borde del mar a uno de los principales destinos turísticos del mundo en cuestión de un par de décadas. La decisión de no construir nuevos recintos deportivos, enfocándose en remozar las históricas instalaciones, evitaron la aparición de elefantes blancos y despropósitos arquitectónicos como sucedió en Atenas 2004 y Río 2016.
Desde que hace poco más un lustro, con los fenómenos de la Primavera Árabe y los posteriores conflictos con el Estado Islámico, que muchos destinos de Medio Oriente (como Egipto, Túnez, Siria e Irak) casi desaparecieron de las agencias de viajes. Gran parte de esos visitantes eligió Barcelona como destino por su seguridad, europeísmo y ambiente cosmopolita.

Por ello, cada año en plena época estival (que corresponde al actual período de julio agosto) aparecen informaciones de que se ha “disparado” el número de turistas con un nuevo récord histórico, solo en 2016 arribaron más de 44 millones de personas a su aeropuerto El Prat.
Esos jugosos ingresos que debería recibir la ciudad -y que deberían permitirle escapar de la violenta crisis económica que ha azotado a la península durante los últimos años- contrastan con una calidad de vida encarecida, y con precios desorbitados propios de la especulación inmobiliaria. De hecho, la prensa catalana denunció hace algunos días a un chileno liderando una banda rusa que arrenda departamentos a 900 euros para, a su vez, subarrendarlos a turistas por 150 euros la noche.

Cuando el dueño del inmueble se enteraba de la ilegalidad e intentaba romper el acuerdo, aparecían un grupo de matones para impedir cualquier tipo de desalojo. ¿Llamar a la policía? No sirve de mucho porque la normativa española no permite a las fuerzas de seguridad sacar a una persona de una propiedad hasta que no exista una sentencia judicial.
Este tipo de problemas han generado una especie de “turismofobia” en la ciudad que no llega a ser agresiva, pero que sí permite ver en ciertos lugares rayados diciendo: “Tourist go home”. Barcelona es la segunda ciudad más poblada de España y la sexta en toda la Unión Europea (más 1 millón 600 mil habitantes y sobre los 5 millones en su área metropolitana), capital de la provincia homónima y de la comunidad autónoma de Catalunya.

Su clima mediterráneo mezcla mar y montaña, debido a que los Pirineos se encuentran a poco más de 100 kilómetros. Sus atractivos son innumerables y dependen de los gustos del turista. Las obras de Gaudí encantan a los fanáticos de la arquitectura (Sagrada Familia, Park Güell, Casa Batlló, Palau Güell, Casa Figueras, entre otras), los fanáticos del deporte pueden encontrar en una serie de recintos imperdibles (Camp Nou, Olímpico de Montjuic, Anillo Olímpico, Cornellà El Prat, entre otros), también los de la fiesta (Puerto Olímpico, Casino de Barcelona o Gràcia), los de la playa (La Barceloneta, Bogatell y la Costa Brava), los de cerros y montañas (Tibado, Bunkers de Carmel, entre otras), los del comercio de lujo (Paseo de Gracia y Portal del Ángel)…
La magia y el encanto de Barcelona no solo está en su gente, el catalán por lo general es muy de tradiciones, de respetar la importancia de la familia, de comprender los derechos y los espacios personales, de mezclar una capacidad analítica con una visión generalmente alegre y optimista de la vida, de tener la capacidad de reírse de sí mismos, de trabajo y compromiso; y por, sobre todo, de respeto al descanso.
Todo ello se mezcla con variedades de opciones de ir a conciertos, cine, teatro, y comida…¡Qué decir de la comida! Además de las exquisiteces de los platos ibéricos, hay que sumar la opción de que es posible encontrar restaurantes del país del mundo que se nos ocurra. Motivos por los cuales Barcelona es la segunda ciudad en la que he vivido por más tiempo… después de Rancagua.

BARCELONA, ESPAÑA
#OjoAlDato
¿Dónde comer?
La Esquinica (Fabra i Puig, 296) El lugar perfecto para picar con las clásicas ‘tapas españolas’. Se come bien, en un lugar bonito y muy barato, donde el dueño te preguntará personalmente si está todo bien. Ojo con ir después de las 7 que puede que debas hacer fila.


¿Qué visitar?
Sagrada Familia (Mallorca, 401). La principal obra de Gaudí de estilo modernista (que debería tener su réplica en Rancagua) se encuentra en permanente construcción. Eso no es impedimento para que 4,5 millones de personas la visiten cada año.
