- Fecha del viaje: 7 de septiembre de 2013
Mientras el mundo se polarizaba por la Guerra Fría; en Chile, el presidente Gabriel González Videla tomó una de las decisiones más polémicas de la historia: la creación de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, también conocida como “Ley Maldita”, implementada desde 1948.
Con ella, el Partido Comunista (en ese momento en el gobierno) fue proscrito, inhabilitando y castigando penalmente tanto a militantes como a personas sospechosas de participar en él. Uno de los principales afectados fue Pablo Neruda, el poeta era reconocido por su ideología comunista al punto de convertirse en senador del Partido Progresista Nacional (denominación electoral del PC) por las provincias de Tarapacá y Antofagasta en 1945.
La Ley Maldita hizo que el escritor tuviese que vivir en el exilio, criticando duramente a González Videla en distintos lugares del mundo. Así llegó a Italia, donde estuvo a punto de ser expulsado, pero tanto un grupo de intelectuales como su amigo Giorgio Napolitano (futuro presidente de la República Italiana) frenaron la detención policial en la estación de tren de Roma.

Gracias a la carta de invitación de un amigo, Neruda vivió seis meses en la Isla de Capri durante 1952. Allí tuvo una de sus épocas más productivas, escribiendo “Los versos del capitán” e inspirando la novela de Antonio Skármeta “Ardiente paciencia”, también conocida como “El cartero de Neruda” por su adaptación cinematográfica. El Nobel de Literatura describió su experiencia en el archipiélago en “El viento en la isla”: “Escóndeme en tus brazos / por esta noche sola, / mientras la lluvia rompe contra el mar y la tierra / su boca innumerable”.
En la Antigüedad, el geógrafo griego Estrabón planteó que Capri, en algún momento, fue parte de la tierra firme. Sin embargo, hoy es una isla con una superficie de 10km 2 , que pertenece administrativamente a la Ciudad Metropolitana de Nápoles, que cuenta con más de 12 habitantes, y que está dividida en dos municipios: Capri (centro principal) y Anacapri (ubicada sobre las colinas).
Las aguas del mar Tirreno ofrecen un azul profundo cautivador y una sensación de paz envidiable, mientras su geografía (con una serie de colinas con alturas superiores a los 300 metros) permite divisar un panorama de ensueño, de esos que justifican por qué ha sido un centro vacacional tanto de emperadores romanos como de variados artistas.

En cuanto al transporte, a la isla se llega desde embarcaciones provenientes de las ciudades de Nápoles y Sorrento; mientras que en tierra es posible acceder a distintos lugares tanto de Capri como de Anacapri a través de autobuses pequeños muy parecidos a las micros Cachapoal (aunque las rancagüinas están en mejor estado, eso hay que destacarlo), ojo con los choferes que no son muy prudentes a la hora de conducir por más angostas que sean las calles. Igualmente es importante destacar que la Isla de Capri es un lugar que está hecho para ser transitado a pie.
Si de comidas y bebidas se trata, es muy habitual ver en las tiendas de souvenirs una amplia variedad de chocolates blancos (quizás por ello existía hace unos años el “Capri blanco relleno de frambuesa”); y también de limoncello, un licor de la región realizado a base de limón y que se sirve muy frío.
“La pequeña isla dividida en mil pequeños huertos tiene un esplendor natural demasiado comentado, pero tiránicamente verídico. Entre las rocas, donde más asolan el sol y el viento, por la tierra seca, estallan plantas y flores diminutas, crecidas exactamente en una gran composición de jardinería. Este Capri recóndito, al que uno entra sólo después de largo peregrinaje y cuando ya la etiqueta de turista se le ha caído de la ropa, este Capri popular de rocas y minúsculas viñas, de gente modesta, trabajadora, esencial, tiene un encanto absorbente. Ya uno está consubstanciado con las cosas y la gente; ya a uno lo conocen los cocheros y las pescadoras; ya uno forma parte del Capri oculto y pobre; y uno sabe dónde está el buen vino barato y dónde comprar las aceitunas que comen los de Capri”, extracto de ‘Confieso que he vivido’ de Pablo Neruda.

Artículo publicado en El Rancagüino sobre Isla de Capri el 16 de abril de 2017.
ISLA DE CAPRI, ITALIA
#OjoAlDato
¿Dónde comer?
Salumeria Da Aldo (Via Cristoforo Colombo 26). Sándwiches buenos, bonitos y baratos, especialmente para quienes necesitan comer algo rápido y seguir recorriendo.


¿Qué visitar?
Gruta Azul. La Grotta Azzurra es una cueva marina que supuestamente era usada como baño privado de los emperadores romanos que descansaban en el archipiélago.
